“DEL ASOMBRO A LA PERSEVERANCIA: EL CAMINO HACIA EL ÁRBOL DE LA VIDA”
Camino al árbol de la vida • Sermon • Submitted • Presented
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2 En cuanto a mí, mis pies estuvieron a punto de tropezar, casi resbalaron mis pasos.
3 Porque tuve envidia de los arrogantes, al ver la prosperidad de los impíos.
4 Porque no hay dolores en su muerte, y su cuerpo es robusto.
La pregunta insensata, Cual fue la intención de Jesús al dejar morir a Juan en la carsel.
📍 ¿Dónde vivían?
📍 ¿Dónde vivían?
María vivía en Nazaret de Galilea (Lucas 1:26
26 Y al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,
Elisabet, madre de Juan el Bautista, vivía en “una ciudad de Judá” (Lucas 1:39
La tradición histórica más antigua identifica este lugar con Ein Kerem, una aldea en la región montañosa cercana a Jerusalén.
39 En esos días María se levantó y fue apresuradamente a la región montañosa, a una ciudad de Judá;
📏 La distancia aproximada
📏 La distancia aproximada
Nazaret a la región montañosa de Judá: entre 120 y 150 kilómetros.
Un viaje así, a pie o en caravana, tomaba entre 4 y 7 días, dependiendo del terreno y las condiciones.
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1️⃣ El primer encuentro: antes de nacer
1️⃣ El primer encuentro: antes de nacer
El espíritu reconoce al Espíritu
“La criatura saltó en su vientre…” (Lucas 1:41)
Juan aún estaba en el vientre de Elisabet cuando María llegó embarazada de Jesús.
No hubo palabras, solo presencia. El profeta aún no hablaba, pero ya discernía.
🔎 Enseñanza profunda:
Antes de que Juan anunciara a Cristo con su voz, lo reconoció con su espíritu.
La identidad de Jesús no se aprende primero con argumentos, sino con revelación.
2️⃣ El encuentro decisivo: el bautismo en el Jordán
2️⃣ El encuentro decisivo: el bautismo en el Jordán
La señal prometida por Dios
Juan mismo lo confiesa:
“Yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo:
‘Sobre quien veas descender el Espíritu… ese es’” (Juan 1:33)
Cuando Jesús sale del agua:
El Espíritu Santo desciende como paloma
El cielo se abre
El Padre habla:
“Este es mi Hijo amado” (Mateo 3:17)
Aquí Juan ya no duda. No es emoción, es confirmación divina.
🕊️ Enseñanza:
Juan no señaló a Jesús hasta que Dios mismo lo señaló primero.
3️⃣ La revelación del sacrificio: “He aquí el Cordero”
3️⃣ La revelación del sacrificio: “He aquí el Cordero”
Comprensión profética
“He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29)
Juan no solo ve al Mesías, ve la cruz antes de la cruz.
En una sola frase une:
El sacrificio pascual
El sistema levítico
La redención del mundo
Pero Juan entiende: este no viene a tomar un trono, viene a cargar el pecado.
4️⃣ El testimonio público y firme
4️⃣ El testimonio público y firme
Convicción, no competencia
“Este es de quien yo decía: el que viene después de mí es antes de mí” (Juan 1:30)
Juan reconoce la preexistencia de Cristo.
No solo es mayor en autoridad, es eterno en naturaleza.
Y luego pronuncia una de las declaraciones más maduras de la fe:
“Es necesario que Él crezca, y que yo mengüe” (Juan 3:30)
👑 Enseñanza:
Cuando uno reconoce verdaderamente al Hijo de Dios, no lucha por protagonismo.
5️⃣ El encuentro desde la cárcel: fe probada, no negada
5️⃣ El encuentro desde la cárcel: fe probada, no negada
La pregunta que revela humanidad, no incredulidad
Desde prisión, Juan envía a preguntar:
“¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?” (Mateo 11:3)
No es duda de identidad, es dolor de expectativas.
Jesús responde no con reproche, sino con hechos mesiánicos (Isaías cumplido).
Y luego declara:
“Entre los nacidos de mujer, no se ha levantado otro mayor que Juan” (Mateo 11:11)
🪨 Enseñanza final:
La fe madura puede preguntar sin dejar de creer.
✨ Conclusión poderosa
✨ Conclusión poderosa
Juan identificó a Jesús como el Mesías porque:
🔥 Lo reconoció en el espíritu
🕊️ Lo vio confirmado por el cielo
🩸 Lo entendió como sacrificio
👑 Lo exaltó por encima de sí mismo
⛓️ Y lo sostuvo aun en la prueba
Juan no solo anunció a Cristo…
vivió para señalarlo y murió fiel a esa revelación.
Y ese sigue siendo el llamado hoy:
no atraer miradas hacia nosotros,
sino levantar el dedo y decir con convicción eterna:
“He aquí el Cordero de Dios.”
